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01 junio 2009

Escuchar el amor

Hay momentos en la vida en que somos tímidos para expresar el amor que sentimos. Quizá por temor a avergonzar a la otra persona o a avergonzarnos nosotros mismos, dudamos en decir “Te quiero” y tratamos de comunicar la idea con otras palabras…

Decimos “Cuídate”, “No manejes rápido”, “Pórtate bien”… Pero en realidad, estas son diferentes maneras de decir “Te quiero…”, “Eres lo más importante para mí…”, “Me importa lo que te suceda…”, “Quiero que estés bien…”, etc.

A veces somos muy extraños. La única cosa que queremos decir y la única cosa que debemos decir, es la única cosa que no decimos . Y aún así, porque el sentimiento es real y la necesidad de decirlo es tan fuerte, usamos otras palabras y signos para decirlo.

Por eso, debemos ESCUCHAR EL AMOR en las palabras que las otras personas nos dicen, algunas veces las palabras explícitas son necesarias, pero muchas veces es más importante la manera como se dicen las cosas…
Un apodo dicho cariñosamente porta mayor afecto y amor que los sentimientos que son expresados de manera poco sincera.
Un abrazo o un beso impulsivos dicen “te amo”, aún cuando las palabras digan algo diferente.
Cuando una persona se ocupa de otra dice “te quiero”.
A veces la expresión es vulgar, a veces incluso cruel. A veces debemos mirar y escuchar muy atentamente el amor que contienen… Pero muy frecuentemente está allí, debajo de la superficie.

Decimos “te amo” de muchas maneras: con regalos de cumpleaños, con notitas dibujadas, con sonrisas y a veces con lágrimas. A veces mostramos nuestro amor cuando nos mantenemos en silencio, sin decir ni una palabra, y a veces incluso hablando bruscamente. O perdonando a alguien que no ha escuchado el amor que hemos tratado de expresar.

El problema con nuestro mundo actual es que la gente rara vez se escucha el uno al otro. Oyen las palabras, pero no escuchan en las acciones que acompañan a esas palabras o en las facciones del rostro. Si estamos atentos, descubriremos que somos muchísimo más amados de lo que creemos.

El amor nos hace reír, nos hace llorar, nos hace cantar, nos hace tristes, nos hace buscar una razón, nos hace pedir, nos hace dar, pero por sobre todo, nos hace vivir.

No es la presencia o la ausencia del otro lo que hace la diferencia, porque una persona puede no estar solitaria aún cuando esté sola.
No es un asunto de estar presente con alguien. El asunto es estar presente para alguien.

Aprovecha el día y no tengas reparos. Y lo más importante: permanece cerca de tus amigos y tu familia, porque ellos te han ayudado a ser la persona que eres hoy y eso es lo más importante.

19 agosto 2008

CUANDO LAS PALABRAS CALLAN,LOS GESTOS HABLAN


A veces, vivimos situaciones en que las palabras parecen desaparecer de nuestro vocabulario.
Se anudan en el estómago, suben hasta la garganta y no sabemos, no tenemos idea de cómo sacarlas.
Muchas veces sucede cuando nuestros amigos nos necesitan más.

Y es allí precisamente, cuando nos topamos con esa barrera.
No sabemos que decir, no tenemos una explicación aceptable para el sufrimiento, sentimos miedo de decir algo indebido y nos quedamos quietos.

Encontramos palabras con facilidad, en su mayoría ya gastadas y repetidas, para expresar nuestra alegría, nuestro deseo de felicidad, sin importar si alguien ya las dijo o no.

Tomamos prestadas esas frases comunes y hacemos con ellas nuestro mensaje.
Y nuestros amigos lo reciben con el corazón abierto, con la sonrisa estampada, porque ellos también hacen uso de lo mismo.

Es la costumbre, es normal, es gentil, es noble.
Es millones de veces mejor que el olvido.

Nuestra gran dificultad es expresar palabras de consuelo cuando nosotros mismos tenemos un corazón molido por el dolor al ver el sufrimiento del otro ¡Conscientes de que no podemos hacer nada!.

Va a pasar, ya lo sabemos, pues todos los dolores pasan, como pasan las noches de luna y los días de sol. Nada es estable y constante.

¡Y queríamos tanto encontrar las palabras exactas que amenizaran el sufrimiento, que proporcionaran consuelo inmediato, que anestesiaran o curaran de una vez !

Y entonces, en el instante exacto, las palabras mueren.

Pero existe un secreto que solo los ángeles conocen:
¡Los gestos hablan!

Las flores hablan mucho. Un beso habla.

Una caricia es como una voz dulce y suave.

Una presencia, aún callada, dice bastante.

Un abrazo habla muy alto.

¡Una mirada sincera dice tanto !

Una mano que toma otra mano habla como varias bocas y centenas de corazones ..

Cuando las palabras se rehúsen a salir de ti, habla con gestos.
El otro comprenderá.

Se tú el ángel callado que traerá un pañuelo y permanecerá al lado para que el otro se sienta menos solo.
Dar de si vale más que todas las palabras del diccionario juntas.

Y en esos instantes, Dios también calla.

Como nosotros, Él se contenta en vernos con ternura haciéndonos sentir mejor.


"Autor desconocido"
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